León XIV lanza la primera doctrina católica sobre IA: no es neutra, hay que desarmarla y el poder tecnológico concentrado en pocas manos es una amenaza moral

Encíclica Papa IA

“Magnifica Humanitas”, firmada el 15 de mayo en el 135.º aniversario de la Rerum Novarum, es el primer documento del Magisterio que afronta en profundidad los desafíos de la inteligencia artificial. El cofundador de Anthropic estuvo en la presentación.

Hay encíclicas que son reacción y encíclicas que son anticipación. La primera del papa León XIV pertenece a la segunda categoría: firmada antes de que ningún gobierno haya terminado de regular la inteligencia artificial, antes de que el debate global se haya decantado, “Magnifica Humanitas””” propone un marco ético de largo aliento para una tecnología que aún no ha revelado su impacto completo. No es un documento técnico ni una condena. Es, fundamentalmente, una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia para la era algorítmica.

El anclaje histórico es deliberado. León XIV firmó el texto el 15 de mayo, exactamente 135 años después de que León XIII publicara la “Rerum Novarum” —la encíclica de 1891 que respondió a la Revolución Industrial con los primeros principios del trabajo digno y la justicia social—. El mensaje es explícito: lo que fue la máquina de vapor en el siglo XIX, es hoy la inteligencia artificial.

“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.”Incipit de la encíclica Magnifica Humanitas — León XIV, 15 de mayo de 2026

El núcleo argumental del documento puede resumirse en tres afirmaciones que el Papa formula con claridad inusual para el lenguaje vaticano. Primera: la IA no es moralmente neutra —sus efectos dependen de quién la controla y con qué fines. Segunda: la concentración del poder tecnológico en pocas corporaciones privadas es una forma de desigualdad estructural que la doctrina social debe nombrar. Tercera: la autonomía de las armas habilitadas por IA erosiona la posibilidad misma de una “guerra justa” y debe ser condenada.

Los cuatro ejes del documento

Dignidad humana

La IA no puede sustituir la dimensión espiritual, relacional y encarnada de la persona. Riesgo de deshumanización por automatización del cuidado y la toma de decisiones.

Concentración de poder

La riqueza tecnológica se acumula en menos manos. El Papa exige marcos jurídicos internacionales y supervisión independiente de los grandes actores del sector.

Paz y armas autónomas

El uso de IA en sistemas armados reduce el control humano y hace las guerras más rápidas e impersonales. El documento pide “desarmar” la IA antes de que cause daños irreversibles.

Trabajo y justicia social

La automatización puede ampliar desigualdades o reducirlas. La encíclica exige que los beneficios del progreso tecnológico tengan destino universal, no privado.

El detalle que nadie esperaba

Entre los presentes en la presentación de la encíclica en el Vaticano estuvo Christopher Olah, cofundador de Anthropic —la empresa detrás de Claude y actualmente en disputa con la administración Trump por negarse al uso militar irrestricto de su tecnología—. El vínculo no es casual: en marzo de 2026, Anthropic organizó en su sede de San Francisco un seminario con 15 líderes teológicos y científicos de la propia empresa, como parte de un proceso de diálogo que precedió al documento.

La encíclica dedica un capítulo al transhumanismo y posthumanismo —corrientes que proponen superar los límites biológicos de la condición humana mediante la tecnología— y los rechaza por considerar que disuelven la noción misma de persona que la Doctrina Social ha construido durante más de un siglo. Para León XIV, la primera elección no es tecnológica sino antropológica: qué tipo de ser humano queremos seguir siendo.

El documento también contiene lo que varios analistas describen como una de las disculpas vaticanas más explícitas por el papel histórico de la Iglesia en la esclavitud, vinculada argumentalmente con los nuevos riesgos de subordinación y control que la IA puede producir sobre poblaciones vulnerables. La conexión histórica es incómoda e intencional.

“En la era de la inteligencia artificial, la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización. Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos.”León XIV — Magnifica Humanitas, §15

La teóloga Anna Rowlands, de la Universidad de Durham, que intervino junto al Papa en el lanzamiento, lo formuló de manera directa: “La encíclica nos ayuda a todos —creyentes y no creyentes— a plantearnos la misma pregunta fundamental: qué significa ser humano en una época en la que la vida humana enfrenta un desafío sin precedente.” Es, precisamente, el tipo de pregunta que la industria tecnológica rara vez se hace sola.

Para Calibre News, el dato más relevante no es que la Iglesia haya opinado sobre la IA —ya lo había hecho en documentos menores—, sino la escala y el momento del instrumento elegido. Una encíclica no es una declaración: es doctrina. Y la doctrina tiene consecuencias sobre 1,400 millones de católicos, sobre legisladores, sobre universidades y sobre la conversación pública global en un momento en que los marcos regulatorios todavía están siendo escritos.

Con información e imagen de Vaticannews.va